martes, 29 de mayo de 2007

Más de cien mentiras



Más de cien mentiras
(
Joaquín Sabina - Jaime Asúa).




Tenemos memoria, tenemos amigos,tenemos los trenes, la risa, los bares,tenemos la duda y la fe, sumo y sigo,tenemos moteles, garitos, altares.


Tenemos urgencias, amores que matan,tenemos silencio, tabaco, razones,tenemos Venecia, tenemos Manhattan,tenemos cenizas de revoluciones.


Tenemos zapatos, orgullo, presente,tenemos costumbres, pudores, jadeos,tenemos la boca, la lengua, los dientes,saliva, cinismo, locura, deseo.


Tenemos el sexo y el rock y la droga,los pies en el barrio y el grito en el cielo,tenemos Quintero, León y Quiroga,y un "bisnes" pendiente con Pedro Botero.


Más de cien palabras, más de cien motivospara no cortarse de un tajo las venas,más de cien pupilas donde vernos vivos,más de cien mentiras que valen la pena.


Tenemos un as escondido en la manga,tenemos nostalgia, piedad, insolencia,monjas de Fellini, curas de Berlanga,veneno, resaca, perfume, violencia.


Tenemos un techo con libros y besos,tenemos el morbo, los celos, la sangre,tenemos la niebla metida en los huesos,tenemos el lujo de no tener hambre.


Tenemos talones de Aquiles sin fondos,ropa de domingo, ninguna bandera,nubes de verano, guerras de Macondo,setas en noviembre, fiebre en primavera.


Glorietas, revistas, zaguanes, pistolas,"qué importa", "lo siento", "hasta siempre", "te quiero",hinchas del Atleti, gángsters de Coppola,verónica y cuarto de Curro Romero.


Tenemos el mal de la melancolía,la sed y la rabia, el ruido y las nueces,tenemos el agua y, dos veces al día,el santo milagro del pan y los peces.


Tenemos lolitas, tenemos donjuanes;Lennon y McCartney, Gardel y LePera;tenemos horóscopos, Biblias, Coranes,ramblas en la luna, vírgenes de cera.Tenemos naufragios soñados en playasde islotes sin nombre ni ley ni rutina,tenemos heridas, tenemos medallas,laureles de gloria, coronas de espinas.


Tenemos caprichos, muñecas hinchables,ángeles caídos, barquitos de vela,pobres exquisitos, ricos miserables,ratoncitos Pérez, dolores de muelas.


Tenemos proyectos que se marchitaron,crímenes perfectos que no cometimos,retratos de novias que nos olvidarony un alma en oferta que nunca vendimos.


Tenemos poetas, colgados, canallas,Quijotes y Sanchos, Babel y Sodoma,abuelos que siempre ganaban batallas,caminos que nunca llevaban a Roma.

6 comentarios:

castorena dijo...

En realidad me parece improbable que al escuchar esta canción alguien pueda optar por contar una historia que no tenga que ver con el suicidio. El suicidio aparece como al pasar entre todas las cosas que irremediablemente nos atan a la vida marcando una especie de contrapunto aterrador con todas las posibilidades que menciona, de la misma forma que la idea del suicidio, su propósito y vocación, se materializaron aquella noche en que al volante de mi auto enfilé hacia las tierras del silencio cruzando entre memoria, amigos, duda y fe, pudores, saliva, caprichos y ángeles caídos con la secreta determinación de estrellar el auto contra la barra de contención de la carretera, y más abajo, contra las rocas que a lo largo de los años se habían ido despeñando como yo por el barranco a un lado del camino. No quería que pareciera un acto impulsivo, tampoco que pareciera accidental ni desesperado, me molestaban sobremanera las personas que emprendían ese camino bajo el peso de agobios y presiones, desestimaba a quienes hacían parecer el acto suicida un camino fácil y que enturbiaba la imagen de quienes, en efecto, habían elegido esa vía como la única capaz de forjar sentido entre todas las demás que perpetuaban la ilusión de estar vivos, por eso me había cuidado mucho al elegir esa noche, ese auto y esa curva. Dicen que la vida entera pasa ante los ojos cuando uno se encuentra cerca de la muerte, mienten, pasa pero no ante los ojos pues yo seguía viendo el abismo que se acercaba más allá de la aguja del velocímetro. Mientras se sucedían las imágenes de mi vida, que imágenes si son, comprendí que podía estar tranquilo, había sido una buena vida y la vista desde ahí era hermosa, la barra de contención dividía limpiamente el cielo estrellado arriba y las luces de la ciudad abajo, me pareció romántico caer hacia el cielo y desaparecer entre ese mar de luces. La película de mi vida había llegado al punto en que me encontraba acelerando hacia esa vista nocturna pero no se detuvo ahí y en un segundo continuó con una escena en la que frenaba rápidamente y una catarata majestuosa de imágenes de lo que no iba a suceder, de lo que en realidad era toda la vida y de lo que sin embargo tenia una oportunidad de no haber acontecido aun, corría frente a mi auto. Frené con desesperación, nunca he tenido más miedo que en aquella ocasión que entre neumáticos quemados comprendí que quizá sería demasiado tarde para retomar, al ritmo pausado de mi existencia, lo que había pasado tan rápido frente a mis ojos. No ahorraré el detalle de un coche que choca con la barrera con la velocidad necesaria para terminar de detenerse ni tampoco la mirada que reconoce en el retrovisor a un amigo lloroso que poco a poco se tranquiliza y repara en que la aguja del velocímetro apunta a la derecha, hacia la carretera y el retorno camino a casa. Cuando recuerdo esto, como ahora que escucho esta canción, lo que más me aterra es la noche silenciosa y el rumor apasionado de un auto que serpentea entre las colinas, que rechinando intenta detenerse y que deja a la imaginación el estruendo de metal partiéndose, doblándose y rodando cuesta abajo antes de perderse en el silencio de la noche. A veces, cuando más tranquilo estoy, me sobresalto al escuchar con nitidez ese estruendo que no llegué a presenciar, y disfruto conforme el rumor del mundo, al principio apenas imperceptible, vuelve a inundar mi habitación.

alex dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Pituchis dijo...

Brazos cortos.

Conocí a Sabina en 1996, quiero decir, su música. A él lo conocí 4 años después en la Ciudad de México durante la gira de “Nos sobran los motivos”. En 2003 lo tope en la librería Crisol de Madrid, presentaba un libro insignificante de una escritora ídem. Me dio un apretón de manos y a mi chica le dio un beso. Quién fuera mi chica.

Sabina fue el primer trovador que conocí. Ya saben, antes, yo escuchaba, de higos a brevas, de Ricardo Arjona nunca había pasado, y, resulta que un día, todavía no me explico yo a santo de qué, mi compañero David viene y me regala lo del flaco, hijos míos, me pongo a escuchar y, oigan, qué poesías, si sabe de una cosas que ni una sabe que sabía. Y con ese estilo y con esa lengua y con esa pluma.

El regalo era un casette con una selección de lo que David consideraba lo mejor de Sabina. Ahí estaba Más de cien mentiras. La canción sobrevenía a “Jugar por jugar” Exacto, aquella donde el flaco propone ir a quitarle al Dios de los cristianos su corona de espinas. Aún no terminaba de digerir esta canción cuando de pronto apareció sin siquiera avisarme, Más de 100 mentiras.

Iba caminando por la calle y llevaba a Sabina en mis walkman. Recuerdo que se trataba de una bajada prolongada, así es, una avenida inclinada, larga como la vía dolorosa. Ésa fue la primera vez que escuché la canción, no necesité demasiado para comprender la esencia de la misma. Para mí, a diferencia de algunos de ustedes, no se trató de un revés, sino de una constatación. Se trató de reafirmar ese placer inefable que siempre ha producido en mi la vida y sus detalles. Frente a mi se desdoblaba la gran avenida con sus negocios y sus marchantes, por única vez en la vida sentí que todo estaba en su lugar, que quizá después de todo Leibnitz no estaba tan pirado y éste sí era el mejor de los mundos posibles; lloré de alegría, de agradecimiento, lloré por obligación, por deber, por necesidad, lloré irremediablemente, inexorablemente, inquebrantablemente.

Desde ese día y hasta hoy “Más de cien mentiras” se convirtió en mi himno a la afirmación vital. No hay negación fundamental sobre la alegría en ninguno de sus rincones. No se trataba de la mejor canción de Sabina, sin embargo era la canción más invaluable, Así es, invaluable como el amor de una madre o como el final alterno de Casablanca que encontraron Barth y Lisa en un suburbio de la vieja Sprinfield.

Resumo mis queridos pituchianos: Más de cien mentiras bifurca su intención, revira suicidios inciertos, pero también revienta de pasión vital a quienes queremos abrazar la vida y los brazos se nos quedan cortos.

Dibujador dijo...

Más de 100 mentiras.

Aunque se escuche muy trillado pero debo aceptar que esta rola me cayó en el momento exacto.
No se puede negar que la rola narra el ir y venir de los viajes del Flaco, de lo que ha vivido en carne propia y de lo que le ha tocado ver, de lo que quizá yo no he vivido y tal vez me gustaría conocer.
Más de 100 mentiras que no dejan que colguemos los tenis es cierto, en todas ellas se encuentra el riesgo, o privilegio, el lujo o prestigio de estar en el lugar, y todas al mismo tiempo englobando la envidia que un mortal siente del otro “del lujo de saberse vivo”. Y es que lo bailado nadie te lo quita, lo gracioso es que tenemos todo para no ser infelices, y pareciera que nos empeñamos en jugar el papel de víctimas, como dice Woddy Allen, -hay dos tipos de vidas, la miserable y la horrible, debemos entonces dar gracias por ser miserables-

Sabina hace un listado de cosas que van desde las más sencillas hasta las más simplonas, creo que se trata de ello de disfrutarte las cosas más simplonas, las que son cotidianas, las que disfrutarías si te dijeran que es el último día que tienes. Fumarte un cigarro a sabiendas de que dicen que cáncer da, y sin embargo fumártelo y disfrutarlo, de mandar un poema y arrepentirte de hacerlo, pero arrepentirte de adeveras, no a medias, y desgarrarte y reventarte los ojos como llaga, y jurar no volver a amar, ni escribir, y negar y renegar, y decir y contradecir.

Más de 100 mentiras, comentaba con Merino, que Sabina es de esas personas que con sus canciones te obliga a conocer más, sus letras aunque a veces sencillas, tienen algo que no conocemos, siempre hay algo que investigar de lo que dice, y dan la tentación de saber que tan mentiras son….
Dibujador

Rafael guillermo dijo...

Un suicidio y ciento un mentiras {ó razones para vivir}

Sentado en la ventana de ese edificio, después de todo no tenía el coraje para saltar como le dije minutos antes al director del área en que solía trabajar;“solía” pues no creo que después de lo ocurrido me guarden la plaza; parecía tan simple, ni me tomé el tiempo para pensar, digo me encontraba al borde de todo: deudas, mi mascota flotando en la pecera, misma que me había regalado mi novia antes de que la descubriera besándose con su mejor amigo en una fiesta ayer, una mordida mal lograda {a cierto oficial corrupto} hace unas horas y para acabarla no terminé la entrega del trabajo {cabe subrayar que era la más importante del año, pues de ella dependía mi ascenso},entrega incompleta, por la cual estoy aquí y no como todos los días atormentándome en mi oficina sin causar molestias, hundido en mi depresión oyendo quizá alguna canción que me haga sentir más miserable o una que ,en el mejor de los casos, me diga que todo podría estar peor. “! Dejen de gritarme!”, ni siquiera me conocen, tanta gente y ninguna entiende que lo único que quiero por el momento es estar solo, “déjenme tranquilo o… -no se me ocurre otra idea- ¡salto¡”, que otra cosa podría haber dicho, por fin entiendo por que en las películas todos dicen lo mismo {no es que vea muchas películas sobre suicidios, pero en las que he visto cuando un actor se encuentra en una cornisa hace un esfuerzo inhumano y justo en el clímax dice: “voy a saltar”}; me siguen insistiendo, desconocidos a mi alrededor… espera no tan desconocidos ese oficial fue el que me intentó sacar la mordida {no sé si reír o llorar}.
Por fin me he armado de valor y me he puesto de pie, extendiendo los brazos {como si fuera a volar, ¿quién pensaría que a mi edad me comportaría como un niño?}. ¿A quién le importa si salto? , ¿Qué les preocupa a todos los que a mi espalda se enfadan, lamentan, gritan, lloran, dialogan o callan? Es acaso que les doy el ejemplo de que se puede y que sí existe una salida de toda la angustia moderna {y les da envidia}, o es que hago lo esperado y entro a una estadística más y de verdad les preocupa mi existencia.
¿Qué tenemos? , ¿Nos reducimos a posesiones? Igual y es a la pregunta que no he planteado correctamente, durante tantos años: ¿qué tengo? {Siete letras, ¿hasta en eso soy efímero?, mi existencia y solo doy dos palabras}; posesiones, el ser en base al poseer {ahora entiendo: me equivoqué de carrera, unos segundos y ya estoy realizando un postulado de la existencia, ojala fuera así de sencillo solucionarlo}. Tengo ya sé que tengo… ganas de saltar y que no tenga ninguna consecuencia, eso tengo, pero sé que no va a ocurrir así que no tengo otra opción, regresar, rogar que me den un empleo {sin importar cual} y seguir con este proceso de perdición hasta que llegue un día en que me de cuenta y como Pessoa repita {después de mi monótona vida}: “de que sirve la preguntarse acerca de la existencia sí se es”, de cierta manera justificando mi levedad des-personalizadora, terrible condena.
Mientras introduzco la mitad superior de mi cuerpo de nuevo a la oficina, percibo una leve sensación, la cual ,de nuevo con mi veloz mente, visualizó al estilo “matrix”, y entiendo pobremente … que ya sé que tengo , tengo ganas de no ser lo que esperan que sea, tengo duda y fe, silencio, urgencias y amores, tengo tantas emociones y deseos; lastima que lo he entendido demasiado tarde pues he resbalado de la cornisa, al haber con tanta prisa olvidado abrochar mis agujetas.
Unos días después, mi gran error me salvó, la oficina de la que me planeaba {y de manera infortunada logré} saltar, no estaba a más de dos pisos del concreto y en mi vuelo estrellé con un carrito de hot dogs, que se dirigía a la cuadra siguiente. Hoy en día me encuentro en este gris hospital, me acompaña la pequeña “sargento Pimienta”, una tortuga que me compré {pues dicen son más longevas, que la mayoría de los animales} y planeó tenerla por bastante tiempo, a fin de cuentas tenerla me da algo más por lo que seguir, junto con cien ideas por las cuales tengo razones para vivir.
Atte. Paciente del Cuarto 11-24.
P.D. digan a las enfermeras que envíen el postre por favor

alex dijo...

¿Qué les puedo decir? Es, tal vez, mi canción favorita. Creo que nadie puede oírla y quedar inmune, porque es una forma tan exquisita de decir las cosas que inevitablemente te mueve algo; alguna de las mentiras que menciona Sabina termina por sernos familiar. Tal vez no sepamos a qué Quintero, León y Quiroga se refiere el Sabina, o quiénes son los curas de Berlanga o la monja de Fellini –como dice Hernán, esos es bueno porque te invita a querer conocer más- pero todos hemos alguna vez tenido una resaca, o envidia, o abuelos que siempre ganaban batallas y otras tantas mentiras que ni Sabina terminaría por nombrar.

Javier Menéndez Flores, uno de los biógrafos de Sabina, dice que la letra de esta canción la deberíamos tener todos los seres humanos pegada en la puerta del refrigerador. No me parece nada exagerada la idea. El mismo Sabina ha dicho que, en cuanto a la letra, ésta es una de sus preferidas, aunque musicalmente no pudo lograr lo que hubiera querido. Pero también me he preguntado muchas veces si lo que dice esta rola se le podría decir a aquellos que ni con cien mentiras se convencen de no cortarse de un tajo las venas. Si un niño de Bagdad o de tantos otros sitios escuchara esta canción (en primera lo le entendería ni madres, pero suponiendo que hablara español), ¿podría compartir nuestra opinión? Nosotros, como dice la misma canción, tenemos el lujo de no tener hambre, pero aquellos que la tienen, y que tienen frío, y sed, y que la guerra o un huracán o una mala jugada del azar les ha arrebatado todo, ¿pueden aún creer que hay más de cien mentiras para no cortarse de un tajo las venas? ¿y si yo lo perdiera todo, podría aún creer que todavía tengo a Lennon y a una monja de Fellini para sentirme vivo? Muchas veces me he preguntado si disfrutar esta canción es muy humano o terriblemente egoísta, porque como bien dice hernan, tenemos todo para ser felices y no lo somos, pero al mismo tiempo no podemos serlo mientras no todos lo tengan, por lo menos no completamente felices.

Pero bueno, pues la verdad a mí me gustaría saber quiénes son todos esos gueyes de los que habla la canción, pero es difícil encontrarlo, así que me conformo con haber entendido al fin una cosa: el ratón de los dientes se apellida Pérez. Ahora resulta que tiene apellido, ja, luego me van a decir que es Melchor Merino, Gaspar Montiel y Baltasar Hernández. Ni madres, yo no me creo ese cuento.